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Compasión

Nuestro autoconocimiento va en darnos cuenta de que somos amor. Al contrario, nos gastamos la vida buscado amor cuando sin saberlo ya reside en nosotros, pero lo olvidamos. No me refiero a la palabra amor como algo idílico a lo que estamos acostumbrados, a algo que se da para recibir; me refiero entonces al Amor como un estado fijo de nuestro Ser que simplemente es una energía de lo que todo a nuestro alrededor está constituido.

Nos olvidamos de que todo debería ser como un círculo, que, si cada uno se tomara de las manos, y demostrara su humanidad al que tiene al lado, sería la vida un camino infinito de felicidad. Al permitirnos entender esta metáfora, emprendemos un camino de felicidad plena porque sin pedir recibo, y gozando doy. Y es que a eso vinimos, vinimos a ayudar a redimir el sufrimiento ajeno, y si ese círculo se cerrara, otro ayudará también con mi sufrimiento, y así todo sería un ciclo, como lo son los ciclos de la naturaleza; perfectos e inequívocos.

Es nuestra misión de vida, encontrar el sentido de nuestra existencia ayudando a alivianar el dolor. Pero el problema está que desde pequeños vamos a una escuela y luego a una universidad que nos enseña a ser exitosos. ¿Exitosos de qué? Es bien sabido que las personas con menos son más plenas, no necesariamente hablamos de carencias básicas, pero sí de aquellos seres que son más llenos teniendo lo básico para vivir porque todo lo demás lo han dado a la humanidad. El destello más mínimo de compasión lo podemos tener al escuchar a alguien. Cuando alguien siente que el otro tan solo lo escucha, puede sentir esa compasión infinita que viene del otro, y también es capaz de extender esa compasión a otros.

Muchas veces no es algo que nos sale tan abiertamente, porque la compasión, aunque es algo intrínseco en cada Ser, también como una flor necesita algo de riego. Pero ¿Cómo hacemos esto? Personalmente, aunque me ha costado cultivar compasión con cierto tipo de personas, me imagino a ese Ser en una situación de vida o muerte. Digamos que en una noche oscura la encontrara en medio de una carretera en una situación peligrosa, y que yo soy su única opción de rescate, medito sobre mis sentimientos y pienso, ¿la ayudaría, o no? Tal vez si es una persona que no me agrada, como un impulso dijera que no, pero sigo indagando en mí, me imagino ayudándola, sintiendo el terror que debe sentir en ese momento y puedo observar como esa parte intrínseca de la compasión que hay en todo Ser empieza a florecer.  Algo particular que despierta la compasión en mí, es mirar las manos de una persona, y así voy cultivando un sentimiento de paz que es imposible dejarlo. Con este ejercicio reconozco mi lado oscuro, lo cual me ayuda a reflexionar sobre mí, y al mismo tiempo cultivar ese amor por la humanidad.

El ser compasivo no es tan solo un beneficio hacia el otro, sino para uno mismo, esto abre las puertas a entender nuestra naturaleza real que es de puro Amor, que no somos nuestros deseos, pensamientos, emociones y que eso son tan solo una reflexión de nuestro ego.

Buda promovía esta compasión como el pilar fundamental de una práctica espiritual plena, y en su enseñanza dejó un legado que promueve la compasión a través de la meditación. La meditación budista Mettā (quiere decir amor/bondad) es un tipo de meditación que suscita el amor primero hacia uno mismo y que se va extendiendo hacia otros. Va como una especie de mantra donde primero incluyo palabras de amor sin apego hacia mi persona y que se va extendiendo a personas queridas, amigos, extraños y hasta enemigos. Es conocida como una práctica que trae consigo el amor incondicional, y que cultiva el respeto por cada ser vivo para continuar una vida de humildad, menos hostil, libre de miedos y un antídoto para la ira.

Les invito a que como parte de la práctica de meditación incluyamos ciertas palabras que nos acercarán a esta reflexión, que Buda quiso compartir con la humanidad, con la única finalidad de expandir la compasión y el amor hacia todo y todos.

Por: Johana Aguirre