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Despertando

 

¿Y despertar de qué? Pero si estoy despierto, aquí estoy envuelto en las sabanas con los ojos abiertos, puedo sentir el roce de las fundas, puedo escuchar a los pájaros y grillos, ya huele a café. ¡Pues claro! Estamos despierto a eso que los sentidos nos ayudan a aproximarnos, pero más allá de ello, existe una realidad que desconocemos porque somos ajena a ella, y aún seguimos dormidos para poder verla. Es como si tuviéramos que activar otro tipo de ojos para poder ver de qué va.

Y este despertar es del alma, del Ser, de la poesía genuina de la vida. Una poesía en prosa, porque no todo rima, pero que al mismo tiempo es perfecta en su ambivalencia. ¿Y cómo despertamos, y a qué? Despertamos a nuestro verdadero Ser, despertamos a quien verdaderamente somos. Pero sucede de la siguiente manera: algo transcurre que nos pone en contacto con nuestra esencia, puede ser cualquier cosa, el vuelo de una mariposa, una tragedia, el nacimiento de un hijo, en realidad nada puede discriminarse para dar comienzo a un despertar, pero la diferencia es, que en ese preciso momento, nuestra corazón espiritual está abierto y percibe ese acto, por mínimo e insignificante que parezca (aunque puede no ser mínimo también) con todo su esplendor, desde el aquí y el ahora. Es como un destello de energía superior que nos baña en ese momento y que no entendemos por qué. Surge de una forma extraña muchas veces, porque nos saca de nuestra “realidad” cotidiana y nos pone en un lugar sin tiempo ni espacio, que nos arrastra a unas profundidades inimaginables y nos obliga a querer ver más dentro de nosotros. Es así como se produce el despertar de consciencia, seguido a ello viene la confusión, la ira, la rabia o simplemente el contemplar la belleza de lo inexplicable. Independientemente de que haya sido lo que ha impulsado el despertar, bien sea algo bonito como el vuelo de una mariposa o algo infausto como un divorcio, la huella es la misma. Es un vestigio profundo e intercalado por un abanico de emociones inexplicables. Pero todo aquí cambia, y es imposible dar vuelta atrás. Aunque queramos con todo nuestro ser volver a ser los mismos, no lo seremos. Y vienen las confusiones los atardeceres melancólicos que no vislumbrar un amanecer, la oscuridad, la sensación de abandono y un sinfín de cosas que son inexplicables. Pero estas sensaciones se vuelven insoportables porque estamos lidiando con disolver nuestro ego, las mentiras y máscaras que hemos trazado en nuestras vidas desde que nacimos y forjamos una personalidad; y no pasa nada. La vida va en que debemos despertar y somos tan solo una serpiente cambiando de piel. Pero al final con esa piel nueva, le gustaremos tal vez a pocos, pero nos gustamos a nosotros mismos. En realidad, no es que nos gustamos más, sino que nos damos cuenta de que es lo que somos, que en realidad no hay nada que cambiar, tan solo divisamos que esa era la verdadera piel. Una piel, que puede vivir debajo de un puente sin nada y es feliz, una piel que disfruta viendo el parto de una mama elefante, una piel que no le da vergüenza contar su pasado obscuro, una piel radiante y llena de luz, desnuda y completamente consciente, una piel que se aproxima a el Hogar Eterno.

Una Guía al Despertar:

  • La oscuridad es necesaria, estar inmersa en ella te permitirá saber de ti y de recordarte que eres un ser dual. Que esa dualidad no se trata de esconder, sino que se acepta. Al querer cambiarla afianzamos lo que no queremos de ella.
  • Hay una no aceptación al nuevo tú, y es normal. No todo el mundo está preparado para verte sonreír con mucha felicidad porque estas contemplando como una hormiga construye su hogar. No todos están abiertos para poder verte feliz con tan poco. Pero no pasa nada, a cada uno le llega el día, en esta o en otra vida.
  • Tratar de convencer a otros que caminen contigo, no es útil. Ellos verán cómo y qué camino andas y si su alma está preparada, se unirán contigo.
  • No estas deprimido, estas conociéndote. Cuando te sientas “deprimido” el contacto con los árboles o con algún ser que esté sufriendo y que tú incondicionalmente puedas escuchar, pondrá tu vida en perspectiva.
  • Escucha a los niños y a los que antes considerabas “menos inteligentes”. La gente con “menos” en su cabeza aporta más a tu Ser.
  • ¡Crea! Crea cualquier cosa, un mantel, un video, una receta nueva. Pero no creas desde el miedo, desde la presión de ofrecer algo al mundo y ser conocido. Crea desde tu intuición, en el momento que sientas genuinamente hacerlo. No tengas ganas de ser famoso, conocido, el mejor. Tan solo crea con tu espíritu, el resto vendrá.
  • No porque estés despertando y empieces a gozar de las nuevas mieles, quiere decir que tu ego no estará presente. Ahora es cuando se manifestará y hasta de una manera camuflada, con el propósito de que te auto observes y sepas que aún hay camino por andar.
  • No sigas rutinas, ni meditaciones, ni gurús, ni rituales al pie de la letra. Úsalos a tu favor no en contra. Escúchalos a todos, comprende la sabiduría en ellos, pero sigue tu propio camino de observación y descubrimiento. Se vale cuestionar todo.
  • Sentir rabia, ira, rencor no es malo. Nada es malo, si están allí es para sentirlos y transformarlos. Solo cuando aceptes su existencia sin apego a querer eliminarlos, ellos se desactivarán.
  • Deja a un lado el boom de la “motivación”. Cuando estamos en este camino también hay una tendencia de estar motivado, feliz, emprendiendo, positivo. No necesitas nada de eso. Eso no se busca, eso llega, y llega cuando te rindes y sabes que tú no tienes el control.
  • Acepta que todo, absolutamente todo lo que te suceda es material útil para seguir despertando. Que en la esencia de la espiritualidad no hay tiempo ni espacio, ni prejuicios y que, por tanto, es tu deber ver la moraleja en todo.

 

¿Y si no estoy despierto?

Si no lo estas, no pasa nada. Caemos en una trampa de querer ser “más espirituales”, “menos materialistas”, “más buenos y generosos”. Si aún te apetece fumar, sentir celos, no estar conectado, disfrutar desmedidamente del dinero, si no eres humilde y muy materialista. ¡No pasa nada! El hecho de querer cambiar las cosas para parecer algo que aún no sentimos, nos alejara más de Todo.

No hay prisa, ni juicios. Y si alguien más “espiritual que tu” te dice lo contrario, no hagas caso, su ego aún sigue haciendo de las suyas. Debemos comprender, que una persona está más cerca de su esencia cuando no tranza con su genuinidad, cuando acepta que fumar es el mejor vicio del mundo, si así le parece, que es firme en su evolución y que no tiene apuros en pretender ser; tan solo es.

 

Por: Johanna Aguirre