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Verde y Sincronías

Cuando era pequeña y también en mi adolescencia, me sentía muy atraída y conectada con ciertas cosas que no podía explicar. Durante los frecuentes viajes con mi familia de vacaciones o visitando familiares, sentía la fascinación de entrar en el paisaje verde que nos rodeaba. No entendía por qué, pero me imaginaba perderme en esas geografías verdes sin comprender de dónde venía este sentimiento. Entonces, crecí y mi deseo de sumergirme en el verde se intensificó. Pasaron muchos años y no pude entender por qué este anhelo.

Cuando visitábamos a una tía, su patio colindaba con otro patio y estaba separado por una pared de cemento casera. Cuando estaba parada al otro lado del patio, veía mucha vegetación, tanto que no se podían ver las otras casas. En mi mente, imaginé que era infinitamente verde y que no tenía fin, que no había casas en el otro lado que pudieran interferir con la imagen del infinito en mi mente. Recuerdo haberles dicho a mis primos que había muchos animales salvajes y espesos bosques escondidos al otro lado del patio. Cuando tenía alrededor de 13 años, me di cuenta de que esto no era posible, que a pesar de que los patios eran gruesos en arboleada, había un límite donde mis sueños terminaban. Una vez que me di cuenta de esto, me sentí derrotada y sin embargo contemplé historias mágicas en mi mente, donde protagonicé un viaje a través de esos bosques infinitos e interminables.

Cuando atravesé mi crisis existencial ahora en mi vida adulta, un día descubrí que lo único que podía calmar mi ansiedad era cuando mi pareja y yo emprendíamos viajes en el carro, tan solo para ver árboles. Un día descubrí que todo lo que quería era hacer eran viajes de fines de semana, recorriendo horizontes. Los llames «mis viajes verdes», y así fue como mi relación con mi pareja se volvió mágica. Ambos empezamos a disfrutar de esos viajes verdes de una manera muy especial y sentimos que nos estábamos conectando más y más. Pasamos momentos en silencio contemplando la misteriosa conexión. Estos viajes me ayudaron mucho a descubrir ciertas cosas dentro de mí, como poder disfrutar de las cosas más pequeñas, ver cuán perfecto era todo en medio de la crisis que estaba atravesando, y lo más importante que descubrí; la sincronización.

Estas líneas que escribo no son solo para decir lo maravilloso que es contemplar la naturaleza, porque eso no es un descubrimiento, todos sabemos cuán hermoso y gratificante es observar hermosas vistas. Pero lo que quiero transmitir es que desde el día en que nacimos, el Universo nos da señales de que somos seres espirituales conectados con Dios, pero la socialización nos hace olvidar de dónde venimos y hacia dónde vamos. Cuando comencé a meditar y leí sobre el despertar de la consciencia, pude ver que mi idilio por el verde era simplemente un grito de mi alma para conectarse con mi esencia a través del contacto con la naturaleza. Y lo importante aquí es resaltar cómo pasamos nuestras vidas ignorando los signos, símbolos y situaciones que se repiten una y otra vez en nuestras vidas, con el único propósito de darnos un mensaje.

Estando profundamente en medio de mi crisis, mis viajes verdes y mis meditaciones me hicieron descubrir que era en esos lugares donde podía sentir la presencia divina. Es inexplicable y no vale la pena dedicar tiempo a exponer sensaciones, es más bien esta una invitación  a experimentarlo. Estoy segura de que desde que éramos pequeños todos hemos tenido alguna conexión con algo que se repite una y otra vez y, sin embargo, no entendemos por qué. Los invito a tratar de recordar lo que es, no a analizarlo demasiado sino a tenerlo presente como un signo que indica la manera de conectarlo con la Esencia, que en realidad es nuestro único propósito aquí en la tierra. Llegamos a este plano como almas con ciertos karmas para quemar, y ciertas experiencias para vivir, para purificarnos y regresar a casa: Dios. Ese es nuestro único propósito. Cuando realmente descubrimos que esta es nuestra misión aquí, nos despertamos y nos damos cuenta de que acumular éxito, dinero, títulos y logros profesionales nunca termina satisfaciéndonos, porque esa no es la misión, la misión principal es regresar a Dios. Todo lo demás, el éxito, el dinero, etc., viene, además, porque el universo te compensa por haber descubierto tu verdadero propósito y reconocer tu verdadero trabajo aquí en la tierra.

Y así como los árboles fueron parte de mi despertar espiritual, también había libros que aparecieron en mi vida en otros tiempos y que compré porque me atraían, pero los leía y no pude entenderlos. Esos libros han sido herramientas invaluables de crecimiento espiritual para mí. Compré el libro de Meditaciones Diarias de J. Krishnamurti cuando tenía 17 años, pero no entendía nada, aunque lo leyera una y otra vez. En un retiro de yoga al que fui, descubrí quién era y mencionaron el libro y sus enseñanzas, comencé a leerlo de nuevo y comencé a entender con un sentido inigualable, pero no desde la inteligencia sino desde mi corazón espiritual. Todo de repente encajaba.

Y así aparecieron dos libros más en mi vida, uno de Ram Dass que apareció en medio de una crisis, y llamé al libro misterioso porque no podía entender sus dibujos. Be Here Now es el libro. En el mismo retiro de yoga que ya mencioné y que fue dedicado a la vida de Ram Dass, me enamoré eternamente de sus enseñanzas, y de su gurú y aprendí mucho de él, tanto es así que ya leí varios de sus libros. Tenía curiosidad porque también descubrí que, durante años en mi trabajo actual, utilicé una hoja de Excel que se llamaba RAM y era mi herramienta de trabajo diaria. Luego comencé a atar y me di cuenta de que el apellido de mi pareja actual es Ramírez, la palabra Ram estaba apareciendo de nuevo, y el verdadero nombre de Ram Dass es Richard Alpert y mi compañero actual con el que me lancé en mis viajes verdes es Ricardo, que es Richard en español. Puede sonar tonto, pero todas estas son señales importantes. Ram Dass lo recibí como profesor espiritual en mi desarrollo, no por «coincidencias», sino porque despertó en mí muchas cosas que ya sabía, pero que había olvidado. Todos conocemos estas enseñanzas espirituales, porque todos somos seres con una consciencia divina plena, pero estamos muchas veces dormidos y no somos conscientes de ello.

Los milagros ocurren todos los días, del mismo modo que cada evento está vinculado a una enseñanza o un mensaje, la mejor manera de decodificarlos es estar presente y observar todo. Cuando practicamos esto, nos daremos cuenta, de cuantas cosas hemos perdido al no vivir en el ahora, y también descubriremos la magia de la vida y cómo cada día, cada evento es una manifestación de la divinidad que nos trae mensajes para contribuir a nuestra conexión espiritual y volver a ser uno con el universo.

Por: Johanna Aguirre

 

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